Bernardo Berenjeno Bermúdez era un niño muy aplicado en el colegio. Cuando llegaba a su casa ayudaba a su madre ha hacer la cena después de haber hecho los deberes. Y después de cenar fregaba los platos y le daba masajes en los pies a su mama para que descansara después de un duro día de trabajo.
Bernardo Berenjeno Bermúdez sacaba muy buenas notas en clase. Los fines de semana iba con su madre al comedor social para hacerles la comida a los pobres vagabundos que el mundo había despojado de todo. Y cuando le quedaba tiempo libre estaba escribiendo un libro de cuentos para niños como él, pero que necesitaran de alegría en sus vidas.
Ese lunes, Bernardo Berenjeno Bermúdez, iba camino de la escuela. Como todos los lunes, se había levantado pronto, se había aseado y había salido a comprar el pan y leche para el desayuno. Ahora, después de tomar la comida más importante del día, caminaba a saltitos en dirección a la escuela. Mientras silbaba se encontró con Tolomeo Tomatero, su mejor amigo. Tolomeo tenía una sonrisa de oreja a oreja y debajo del brazo llevaba un paquete - es para ti - dijo, al mismo tiempo que le guardaba el paquete en la mochila del colegio - no lo habrás hasta llegar a casa - y eso fue todo lo que le dijo hasta llegar a la escuela.
Bernardo Berenjeno Bermúdez, después de un largo y fructuoso día de trabajo estudiantil, regresó a su casa y como siempre: hizo los deberes, ayudó a su madre a hacer la cena, fregó los platos después y le dio el merecido masaje a los pies de su madre y después se fue a la cama. Pero hoy no se durmió inmediatamente. De su mochila saco el paquete secreto de Tolomeo, y mordiéndose la lengua lleno de curiosidad, comenzó a quitar el envoltorio. - ohhhh dios, mío - diría su madre al ver el contenido. Pues nada más abrirlo apareció ante sus ojos una joven rubia, pero no como su madre. Esta joven estaba desnuda, apuntándole con sus grandes senos. Sabía lo que era un seno, pues lo había estudiado en clase de anatomía.
Esto no está bien, mamá se enfadará - se decía Bernardo Berenjeno Bermúdez. Pero, dado que era tan inteligente, su curiosidad era más fuerte que el. Al final pasó de la portada a la siguiente página. Después de la quinta página, algo empezó a ocurrir… notaba algo raro, algo que no había sentido antes… vosotros que sois inteligentes, ya sabréis a que me refiero… así que voy a omitir la explicación.
Ahora todos los días Bernardo Berenjeno Bermúdez, además de hacer los deberes, cocinar, fregar los platos y darle el masaje a su madre en los pies… por las noches se daba masajes a si mismo, pues esto lo aprendió deprisa, mientras veía la revista que le había regalado su amigo Tolomeo.
Pasado el tiempo y debido a su gran curiosidad, Bernardo Berenjeno Bermúdez, se fue un día de putas con el dinero que había ahorrado de la paga semanal. Decidió que eso estaba mucho mucho mejor, aunque el dinero era un problema. Eso si, por las noches no dejaba de pajearse - dejemos ya la chorrada de los masajes - y de día estaba pensando siempre en putas.
Llegados a esta situación, el cabronazo de Bernardo Berenjeno Bermúdez, estaba en los huesos porque se pajeaba todas las noches, sus notas era pa cagarse porque estaba todo el día pensando en ir de putas, y en vez de ayudar a su madre y darle masajes, le robaba los complementos vitamínicos para aguantar las noches y el dinero para ir el sábado al puticlub.
Pero no conforme con eso, Bernardo Berenjeno Bermúdez, se dedicó a robar: primero a sus compañeros de colegio, luego en el cepillo de la iglesia y finalmente los bolsos de las pobre viejecitas que se iba encontrando por la calle. Eso si, siempre camino de la casa de putas donde se gastaba todo el dinero en follar y follar… los sábados, los domingos, los lunes… vamos, todo el tiempo que podía, salvo el que se dedicaba a robar, claro está.
Ahora Bernardo Berenjeno Bermúdez, además de estar en los huesos no tenía muchas fuerzas, pero como era muy inteligente, además de tener mucha curiosidad, se acercó al camello que siempre estaba cerca del puticlub y le compró toda la cocaína que llevaba encima. Se hizo una raya bastante alargada en el baño y luego otra en el pasillo, camino de la habitación de su siguiente polvo. Y menudo polvo. - gracias mamá, por haberme parido con este miembro que me da tanto placer - pensó Bernardo encocado y cachondo como un perro.
Pero todo lo que sube baja, y Bernardo Berenjeno Bermúdez no podía ser menos. Lo que podía robar, dado su lamentable estado de salud y el asco que daba, no le permitía tomar toda la cocaína y follarse a todas las putas que quería. Tuvo que reducir su nivel de vida. Ahora ya no iba al puticlub, se montaba a las que hacían la calle. Y dado que no eran tan buenas como las primeras, les propinaba enormes palizas hasta dejarlas echas un cristo. La cocaína cada vez era de peor calidad y su nariz se caía a cachos. Y lo único que tenía gordo, y no siempre, era su asqueroso pito de perturbado.
Desesperado, Bernardo Berenjeno Bermúdez trazó una estrategia. ¡Qué mejor que ser su propio jefe! ¡Qué mejor que esas putas arpías trabajaran para el! Las podría follar, pegar y - lo mejor de su plan - hacerlas trabajar para pagar su otro vicio. Ahora sería el rey proxeneta y huesudo de la calle.
Hay que ser tonto. Este Bernardo Berenjeno Bermúdez no había perdido la curiosidad pero si la inteligencia. Nada más que entre tres de ellas y después del primer intento de robo, le destrozaron a patadas como tantas veces les había hecho a ellas. - ¿disfrutas Bernardo? ¿Disfrutas? - y sus huesos respondieron rotos a pedazos.
Cuando Bernardo Berenjeno Bermúdez se despertó en el hospital, más muerto que vivo, con el mono gritándole al oído y unas ganas terribles de fornicar, miró a su lado. Allí estaba su madre - ¿no te he dicho siempre que la curiosidad mató al gato? - fue lo primero que dijo.
- me conformo mamá… me conformo. Porque al menos Tolomeo estará igual que yo. El fue el culpable -
- ¿tu no ves la tele cretino? Ojalá hubieras aprendido un poco de el. Tolomeo es ahora el mejor actor porno de todo el mundo. Y según el, lo decidió después de ver una revista porno.
- Mierda.
Creado: 4 Febrero, 2008 bajo cosas absurdas, cosas grandes.
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