El resto de las cosas se las dejo a los demás

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A través del tiempo

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Hace tiempo

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    Antes de nada, dar las gracias a Towanda por poner voz a la playa (enlace al archivo de audio)

    Cierro los ojos. Cada vez que me tumbo en mi toalla cierro los ojos y el aire comienza a llenarse con la gente que tengo a mi alrededor. Desde lejos llega a mi nariz la chispa y la pimienta, es normal el sol está en lo más alto. Pero espera, ¿qué es eso? ya están aquí…

    Ummm, este aroma si que me recuerda al verano y las playas. Es una mezcla de cerveza y hombros sonrosados embadurnados de crema solar. Todos los años termino el verano impregnado de este olor entre dulzón y amargo. Cada año los envases cambian, pero para mí son como hormiguitas. Todos iguales, todos… ummm… con el mismo paladar en mi nariz… ummm… ese olor. ¿Será el mismo allí de donde vienen?

    Con los años este aroma se ha ido enriqueciendo y creciendo, con nuevas esencias venidas de muy lejos. Ahora también sus sonidos, monótonos pero no aburridos, han pasado a ser una orquesta con decenas de instrumentos diferentes.

    Hoy también me huele a melodioso acompañado de sonidos alagadores como la miel… ¿ummmm?… demasiado empalagoso, creo. Más cercano a mi sí, pero la mezcla me atufa. Creo que el amargo de la cerveza no pega con la miel. Sería bueno añadir algo un poco más fresco, quizás un poco de uva… o mejor sandía… La última vez que extendí mi toalla en este mismo sitio la uva lo inundaba todo, tenía cierto toque de melón… los mediterraneos… voces alegres de niños correteaban alrededor de mi sombrilla. Claro que, si no puede ser eso, al menos que no lo haya catado antes: ébano, café,… o coco… sí, coco estaría bien.

    En mi antigua playa no me llegaba más que el edor a rancio, a madera carcomida traida por el mar, a algas secas envolviéndolo todo. Allí los niños también eran rancios, como la madera, como los padres. Y dejaban un regusto a barniz viejo en mi tímpano. Por eso no volví y me dediqué a buscar nuevos lugares donde cerrar los ojos e inundarme de sabor.

    Y lo encontré. En esta cala me enamoró la sal y el aceite que vienen de vez en cuando y los caballos al galope que levantan mi ánimo cuando menos me lo espero. Eso está mucho mejor, cerveza y aceitunas, un buen aperitivo. Cuando esto ocurre nunca falta la música… ummm… muy salada… así… ahhh… me encanta.

    Uno tras otro van dejando en mi parte de ellos. Cada uno ha traido algo de su tierra y yo lo inhalo con fuerza para que no se pierda. Retengo sus voces grabadas en mi recuerdo donde las vuelvo a reproducir dándoles vida de nuevo. Es una pena que sean etéreos y el tiempo se los lleve evaporados… ummm.

    ¿Qué haré yo sin todos ellos? ¿Cómo pasaré el invierno si no puedo poblarme de sensaciones como en verano?. ¿Dónde voy a fijar mi nariz y mi oreja en una playa desnuda y apagada?. Yo vivo de ellos… llenando de sonidos, olores y sabores cada uno de los rincones con que puedo sentir.

    La brisa del otoño está cerca y se llevará todo: la uva y la cerveza, la aceituna y la sal, el galope y la miel. Calma, calma, puedo aguantar, solo hay que pasar el invierno, de la misma forma que cualquier otro año. Y, de nuevo, volverán como frasquitos a mis sentidos.

    … alargo el brazo hasta llegar a tu hombro… ummm… tú si que me llenas… ummm… y a ti te tengo todo el año… abro los ojos y te miro… venga vamos al agua, vamos a darnos un baño… ¿qué si te quiero? Por supuesto, claro que te quiero.

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