El Bolso
Tengo un pequeño bolso negro. Esos bolso con estilo para un caballero. Ummm, creo que me confundo. Más bien es un bolso para ese joven moderno, que va por la vida intentando imprimir un poco de estilo. Quizás yo no tenga estilo, pero mi pequeño bolso negro si.
Es de ese tipo de bolso que se usa en bandolera, como si no lo llevaras. Colgando de tu hombro y dándote leves golpes en la cadera a cada paso. En el llevo clavado un pin con la silueta de aquel Ernesto que lucho por la revolución y murió para ser nuestro martir… que pena. Es importante llevar contigo un pin. Sobre todo si te lo ha regalado un amigo o alguien que es parte de tu vida, parte de ti. Así que, este pin es parte de mi amigo. Ahora esta lejos, pero siempre cerca… ahí… en mi cadera… dando pequeños golpecitos a cada paso.
También el bolso es un regalo, de alguien que es la mitad de lo que yo soy la mitad. También esta cada día comigo… cada golpecito… cada paso. Pero tengo una gran suerte, porque “alguien” no está lejos y puedo abrazarla todos los días. Caminamos juntos: ella, mi bolso negro y yo.
No es un bolso presumido, no brilla. Pero estoy convencido que con objetos como el, las personas pueden ser felices. Dejando que ellos soporten parte de nuestra carga vital. Siempre lleva por mi los documentos que me definen. Que incongruencia, tener que escribir papeles para definirnos. ¿Acaso no existimos ya sin ellos? Estoy convencido que con el hecho de que alguien nos pueda sentir, oler o tocar, ya existimos y estamos definidos. Aunque solo seamos nosotros los que nos sentimos. Más difícil lo tiene un ángel, que aunque es un hombre y unas alas, yo todavía no lo he sentido… aunque lo puedo definir… algo es algo.
Cuando me lo puedo permitir, también lleva mi dinero. Un odio imposible que se aferra a nuestras necesidades para poder existir. Y cuando ya no hay necesidades, se las inventa para que siempre acudamos llorándole. Soy un billete, soy un parásito de la sociedad, soy feliz y nunca me iré de tu lado. Canturrea a menudo dentro de mi cartera.
Cuando tiro de la cremallera y lo habro, un borbotón de papeles siempre asoma. Luchan entre ellos como las crías en el nido. Cada uno quiere ser el elegido, que lo tome, lo lea o escriba en el. Los más viejos están sucios y arrugados después de estar tanto tiempo encerrados. Pero también saben que son los más valiosos para mi. A veces me dan sorpresas, trayéndome recuerdos de hace mucho tiempo. Son como el pin, cachitos de mi vida y cachitos de gente. Ya son tantos que algún día mi pobre bolso va a reventar de una indigestión. Gordo y amable bolso. No me lo tengas en cuenta.
Prometo que algún día te buscaré una compañera. Una caja creo. ¿Te parece bien? Compartirá si vida contigo y pasaréis largas veladas abrazados. Uno junto al otro. Si te parece, mañana vamos a dar un paseo, a conocer cajas. Nos presentaremos como galanes de cine, bien peinados y afeitados. Cuando sientas un flechazo, le dices a Ernesto que guiñe un ojo y yo te la presento. ¡Qué gran idea! Y si ella también siente ese flechazo ya nadie os separará. Y así compartirás todos esos recuerdos que te hago llevar. Eso sí, que cada uno eliga cuales le gustan más. Y yo con mi amada y tu con tu caja, seremos las dos parejas más felices de todo el mundo definido, existente y sentido.
Por favor, y mientras tanto, guarda este otro papel que acabo de escribir. Creo que también será importante.
Creado: 9 Enero, 2008 bajo cosas pequeñas.
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