El resto de las cosas se las dejo a los demás

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A través del tiempo

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    Archivo para Enero, 2008

    La playa

    Antes de nada, dar las gracias a Towanda por poner voz a la playa (enlace al archivo de audio)

    Cierro los ojos. Cada vez que me tumbo en mi toalla cierro los ojos y el aire comienza a llenarse con la gente que tengo a mi alrededor. Desde lejos llega a mi nariz la chispa y la pimienta, es normal el sol está en lo más alto. Pero espera, ¿qué es eso? ya están aquí…

    Ummm, este aroma si que me recuerda al verano y las playas. Es una mezcla de cerveza y hombros sonrosados embadurnados de crema solar. Todos los años termino el verano impregnado de este olor entre dulzón y amargo. Cada año los envases cambian, pero para mí son como hormiguitas. Todos iguales, todos… ummm… con el mismo paladar en mi nariz… ummm… ese olor. ¿Será el mismo allí de donde vienen?

    Con los años este aroma se ha ido enriqueciendo y creciendo, con nuevas esencias venidas de muy lejos. Ahora también sus sonidos, monótonos pero no aburridos, han pasado a ser una orquesta con decenas de instrumentos diferentes.

    Hoy también me huele a melodioso acompañado de sonidos alagadores como la miel… ¿ummmm?… demasiado empalagoso, creo. Más cercano a mi sí, pero la mezcla me atufa. Creo que el amargo de la cerveza no pega con la miel. Sería bueno añadir algo un poco más fresco, quizás un poco de uva… o mejor sandía… La última vez que extendí mi toalla en este mismo sitio la uva lo inundaba todo, tenía cierto toque de melón… los mediterraneos… voces alegres de niños correteaban alrededor de mi sombrilla. Claro que, si no puede ser eso, al menos que no lo haya catado antes: ébano, café,… o coco… sí, coco estaría bien.

    En mi antigua playa no me llegaba más que el edor a rancio, a madera carcomida traida por el mar, a algas secas envolviéndolo todo. Allí los niños también eran rancios, como la madera, como los padres. Y dejaban un regusto a barniz viejo en mi tímpano. Por eso no volví y me dediqué a buscar nuevos lugares donde cerrar los ojos e inundarme de sabor.

    Y lo encontré. En esta cala me enamoró la sal y el aceite que vienen de vez en cuando y los caballos al galope que levantan mi ánimo cuando menos me lo espero. Eso está mucho mejor, cerveza y aceitunas, un buen aperitivo. Cuando esto ocurre nunca falta la música… ummm… muy salada… así… ahhh… me encanta.

    Uno tras otro van dejando en mi parte de ellos. Cada uno ha traido algo de su tierra y yo lo inhalo con fuerza para que no se pierda. Retengo sus voces grabadas en mi recuerdo donde las vuelvo a reproducir dándoles vida de nuevo. Es una pena que sean etéreos y el tiempo se los lleve evaporados… ummm.

    ¿Qué haré yo sin todos ellos? ¿Cómo pasaré el invierno si no puedo poblarme de sensaciones como en verano?. ¿Dónde voy a fijar mi nariz y mi oreja en una playa desnuda y apagada?. Yo vivo de ellos… llenando de sonidos, olores y sabores cada uno de los rincones con que puedo sentir.

    La brisa del otoño está cerca y se llevará todo: la uva y la cerveza, la aceituna y la sal, el galope y la miel. Calma, calma, puedo aguantar, solo hay que pasar el invierno, de la misma forma que cualquier otro año. Y, de nuevo, volverán como frasquitos a mis sentidos.

    … alargo el brazo hasta llegar a tu hombro… ummm… tú si que me llenas… ummm… y a ti te tengo todo el año… abro los ojos y te miro… venga vamos al agua, vamos a darnos un baño… ¿qué si te quiero? Por supuesto, claro que te quiero.

    El Bolso

    Tengo un pequeño bolso negro. Esos bolso con estilo para un caballero. Ummm, creo que me confundo. Más bien es un bolso para ese joven moderno, que va por la vida intentando imprimir un poco de estilo. Quizás yo no tenga estilo, pero mi pequeño bolso negro si.

    Es de ese tipo de bolso que se usa en bandolera, como si no lo llevaras. Colgando de tu hombro y dándote leves golpes en la cadera a cada paso. En el llevo clavado un pin con la silueta de aquel Ernesto que lucho por la revolución y murió para ser nuestro martir… que pena. Es importante llevar contigo un pin. Sobre todo si te lo ha regalado un amigo o alguien que es parte de tu vida, parte de ti. Así que, este pin es parte de mi amigo. Ahora esta lejos, pero siempre cerca… ahí… en mi cadera… dando pequeños golpecitos a cada paso.

    También el bolso es un regalo, de alguien que es la mitad de lo que yo soy la mitad. También esta cada día comigo… cada golpecito… cada paso. Pero tengo una gran suerte, porque “alguien” no está lejos y puedo abrazarla todos los días. Caminamos juntos: ella, mi bolso negro y yo.

    No es un bolso presumido, no brilla. Pero estoy convencido que con objetos como el, las personas pueden ser felices. Dejando que ellos soporten parte de nuestra carga vital. Siempre lleva por mi los documentos que me definen. Que incongruencia, tener que escribir papeles para definirnos. ¿Acaso no existimos ya sin ellos? Estoy convencido que con el hecho de que alguien nos pueda sentir, oler o tocar, ya existimos y estamos definidos. Aunque solo seamos nosotros los que nos sentimos. Más difícil lo tiene un ángel, que aunque es un hombre y unas alas, yo todavía no lo he sentido… aunque lo puedo definir… algo es algo.

    Cuando me lo puedo permitir, también lleva mi dinero. Un odio imposible que se aferra a nuestras necesidades para poder existir. Y cuando ya no hay necesidades, se las inventa para que siempre acudamos llorándole. Soy un billete, soy un parásito de la sociedad, soy feliz y nunca me iré de tu lado. Canturrea a menudo dentro de mi cartera.

    Cuando tiro de la cremallera y lo habro, un borbotón de papeles siempre asoma. Luchan entre ellos como las crías en el nido. Cada uno quiere ser el elegido, que lo tome, lo lea o escriba en el. Los más viejos están sucios y arrugados después de estar tanto tiempo encerrados. Pero también saben que son los más valiosos para mi. A veces me dan sorpresas, trayéndome recuerdos de hace mucho tiempo. Son como el pin, cachitos de mi vida y cachitos de gente. Ya son tantos que algún día mi pobre bolso va a reventar de una indigestión. Gordo y amable bolso. No me lo tengas en cuenta.

    Prometo que algún día te buscaré una compañera. Una caja creo. ¿Te parece bien? Compartirá si vida contigo y pasaréis largas veladas abrazados. Uno junto al otro. Si te parece, mañana vamos a dar un paseo, a conocer cajas. Nos presentaremos como galanes de cine, bien peinados y afeitados. Cuando sientas un flechazo, le dices a Ernesto que guiñe un ojo y yo te la presento. ¡Qué gran idea! Y si ella también siente ese flechazo ya nadie os separará. Y así compartirás todos esos recuerdos que te hago llevar. Eso sí, que cada uno eliga cuales le gustan más. Y yo con mi amada y tu con tu caja, seremos las dos parejas más felices de todo el mundo definido, existente y sentido.

    Por favor, y mientras tanto, guarda este otro papel que acabo de escribir. Creo que también será importante.