El resto de las cosas se las dejo a los demás

Menú del sitio:

A través del tiempo

Mayo 2008
L M X J V S D
« Feb    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  

las cosas

Hace tiempo

Han dicho por ahí

    Sitios Encontrados

    Bernardo Berenjeno Bermúdez II

    Bernardo Berenjeno Bermúdez se levantó esa mañana con una sola idea. Había estado soñando toda la noche con ello y ahora que estaba despierto y amanecía un nuevo día, estaba todavía más convencido. Quería ser un pedo. Uno de esos pedos inménsamente sonoro y por supuesto espectacularmente oloroso.

    Así todo el mundo se acordaría de el, porque sería lo más fuerte que hubieran oido en sus vidas. Sería lo que peor olor hubieran catado sus narices. Y a ser posible, lo más asqueroso que recordarían por siempre jamás.

    Pero no solo eso. Cada una de sus partículas se dispersaría por toda la atmósfera y llegaría todos los rincones del planeta. Podría viajar a la India, a Nueva York, a la isla de Pascua y hasta el polo norte. siempre le había encantado viajar.

    Bernardo Berenjeno Bermúdez se podría posar sobre la piel de todas las tías buenas que se encontrara en su camino y dormir con ellas. Podría bajar por su cuello, sus senos, su ombligo… ummm… que suerte que tendría de ser un pedo.

    Si alguien le cayera mal, se concentraría mucho mucho, hasta unirse en un solo punto al lado de su nariz y volvería a explotar como en Big Ban, y su odiado congénere se apestaría hasta el tuétano. le echaría de su trabajo por porcino, su mujer le dejaría por guarro, sus amigos le dejarían de llamar por cerdo y se odiaría a si mismo por marrano.

    Pero lo mejor de todo, estaría en todos los lados al mismo tiempo. estaría dentro y fuera de las personas, estaría en la naturaleza, en los animales y en las planteas… estaría en la roca… estaría en el agua que bebemos, en el fuego y por supuesto en el aire… sería onmipresente… vamos, que si hubiera creado la tierra y el firmamento sería como dios.

    Aunque eso lo dejaremos para otra vida.

    Bernardo Berenjeno Bermúdez

    Bernardo Berenjeno Bermúdez era un niño muy aplicado en el colegio. Cuando llegaba a su casa ayudaba a su madre ha hacer la cena después de haber hecho los deberes. Y después de cenar fregaba los platos y le daba masajes en los pies a su mama para que descansara después de un duro día de trabajo.

    Bernardo Berenjeno Bermúdez sacaba muy buenas notas en clase. Los fines de semana iba con su madre al comedor social para hacerles la comida a los pobres vagabundos que el mundo había despojado de todo. Y cuando le quedaba tiempo libre estaba escribiendo un libro de cuentos para niños como él, pero que necesitaran de alegría en sus vidas.

    Ese lunes, Bernardo Berenjeno Bermúdez, iba camino de la escuela. Como todos los lunes, se había levantado pronto, se había aseado y había salido a comprar el pan y leche para el desayuno. Ahora, después de tomar la comida más importante del día, caminaba a saltitos en dirección a la escuela. Mientras silbaba se encontró con Tolomeo Tomatero, su mejor amigo. Tolomeo tenía una sonrisa de oreja a oreja y debajo del brazo llevaba un paquete - es para ti - dijo, al mismo tiempo que le guardaba el paquete en la mochila del colegio - no lo habrás hasta llegar a casa - y eso fue todo lo que le dijo hasta llegar a la escuela.

    Bernardo Berenjeno Bermúdez, después de un largo y fructuoso día de trabajo estudiantil, regresó a su casa y como siempre: hizo los deberes, ayudó a su madre a hacer la cena, fregó los platos después y le dio el merecido masaje a los pies de su madre y después se fue a la cama. Pero hoy no se durmió inmediatamente. De su mochila saco el paquete secreto de Tolomeo, y mordiéndose la lengua lleno de curiosidad, comenzó a quitar el envoltorio. - ohhhh dios, mío - diría su madre al ver el contenido. Pues nada más abrirlo apareció ante sus ojos una joven rubia, pero no como su madre. Esta joven estaba desnuda, apuntándole con sus grandes senos. Sabía lo que era un seno, pues lo había estudiado en clase de anatomía.

    Esto no está bien, mamá se enfadará - se decía Bernardo Berenjeno Bermúdez. Pero, dado que era tan inteligente, su curiosidad era más fuerte que el. Al final pasó de la portada a la siguiente página. Después de la quinta página, algo empezó a ocurrir… notaba algo raro, algo que no había sentido antes… vosotros que sois inteligentes, ya sabréis a que me refiero… así que voy a omitir la explicación.

    Ahora todos los días Bernardo Berenjeno Bermúdez, además de hacer los deberes, cocinar, fregar los platos y darle el masaje a su madre en los pies… por las noches se daba masajes a si mismo, pues esto lo aprendió deprisa, mientras veía la revista que le había regalado su amigo Tolomeo.

    Pasado el tiempo y debido a su gran curiosidad, Bernardo Berenjeno Bermúdez, se fue un día de putas con el dinero que había ahorrado de la paga semanal. Decidió que eso estaba mucho mucho mejor, aunque el dinero era un problema. Eso si, por las noches no dejaba de pajearse - dejemos ya la chorrada de los masajes - y de día estaba pensando siempre en putas.

    Llegados a esta situación, el cabronazo de Bernardo Berenjeno Bermúdez, estaba en los huesos porque se pajeaba todas las noches, sus notas era pa cagarse porque estaba todo el día pensando en ir de putas, y en vez de ayudar a su madre y darle masajes, le robaba los complementos vitamínicos para aguantar las noches y el dinero para ir el sábado al puticlub.

    Pero no conforme con eso, Bernardo Berenjeno Bermúdez, se dedicó a robar: primero a sus compañeros de colegio, luego en el cepillo de la iglesia y finalmente los bolsos de las pobre viejecitas que se iba encontrando por la calle. Eso si, siempre camino de la casa de putas donde se gastaba todo el dinero en follar y follar… los sábados, los domingos, los lunes… vamos, todo el tiempo que podía, salvo el que se dedicaba a robar, claro está.

    Ahora Bernardo Berenjeno Bermúdez, además de estar en los huesos no tenía muchas fuerzas, pero como era muy inteligente, además de tener mucha curiosidad, se acercó al camello que siempre estaba cerca del puticlub y le compró toda la cocaína que llevaba encima. Se hizo una raya bastante alargada en el baño y luego otra en el pasillo, camino de la habitación de su siguiente polvo. Y menudo polvo. - gracias mamá, por haberme parido con este miembro que me da tanto placer - pensó Bernardo encocado y cachondo como un perro.

    Pero todo lo que sube baja, y Bernardo Berenjeno Bermúdez no podía ser menos. Lo que podía robar, dado su lamentable estado de salud y el asco que daba, no le permitía tomar toda la cocaína y follarse a todas las putas que quería. Tuvo que reducir su nivel de vida. Ahora ya no iba al puticlub, se montaba a las que hacían la calle. Y dado que no eran tan buenas como las primeras, les propinaba enormes palizas hasta dejarlas echas un cristo. La cocaína cada vez era de peor calidad y su nariz se caía a cachos. Y lo único que tenía gordo, y no siempre, era su asqueroso pito de perturbado.

    Desesperado, Bernardo Berenjeno Bermúdez trazó una estrategia. ¡Qué mejor que ser su propio jefe! ¡Qué mejor que esas putas arpías trabajaran para el! Las podría follar, pegar y - lo mejor de su plan - hacerlas trabajar para pagar su otro vicio. Ahora sería el rey proxeneta y huesudo de la calle.

    Hay que ser tonto. Este Bernardo Berenjeno Bermúdez no había perdido la curiosidad pero si la inteligencia. Nada más que entre tres de ellas y después del primer intento de robo, le destrozaron a patadas como tantas veces les había hecho a ellas. - ¿disfrutas Bernardo? ¿Disfrutas? - y sus huesos respondieron rotos a pedazos.

    Cuando Bernardo Berenjeno Bermúdez se despertó en el hospital, más muerto que vivo, con el mono gritándole al oído y unas ganas terribles de fornicar, miró a su lado. Allí estaba su madre - ¿no te he dicho siempre que la curiosidad mató al gato? - fue lo primero que dijo.

    - me conformo mamá… me conformo. Porque al menos Tolomeo estará igual que yo. El fue el culpable -

    - ¿tu no ves la tele cretino? Ojalá hubieras aprendido un poco de el. Tolomeo es ahora el mejor actor porno de todo el mundo. Y según el, lo decidió después de ver una revista porno.

    - Mierda.

     

    La playa

    Antes de nada, dar las gracias a Towanda por poner voz a la playa (enlace al archivo de audio)

    Cierro los ojos. Cada vez que me tumbo en mi toalla cierro los ojos y el aire comienza a llenarse con la gente que tengo a mi alrededor. Desde lejos llega a mi nariz la chispa y la pimienta, es normal el sol está en lo más alto. Pero espera, ¿qué es eso? ya están aquí…

    Ummm, este aroma si que me recuerda al verano y las playas. Es una mezcla de cerveza y hombros sonrosados embadurnados de crema solar. Todos los años termino el verano impregnado de este olor entre dulzón y amargo. Cada año los envases cambian, pero para mí son como hormiguitas. Todos iguales, todos… ummm… con el mismo paladar en mi nariz… ummm… ese olor. ¿Será el mismo allí de donde vienen?

    Con los años este aroma se ha ido enriqueciendo y creciendo, con nuevas esencias venidas de muy lejos. Ahora también sus sonidos, monótonos pero no aburridos, han pasado a ser una orquesta con decenas de instrumentos diferentes.

    Hoy también me huele a melodioso acompañado de sonidos alagadores como la miel… ¿ummmm?… demasiado empalagoso, creo. Más cercano a mi sí, pero la mezcla me atufa. Creo que el amargo de la cerveza no pega con la miel. Sería bueno añadir algo un poco más fresco, quizás un poco de uva… o mejor sandía… La última vez que extendí mi toalla en este mismo sitio la uva lo inundaba todo, tenía cierto toque de melón… los mediterraneos… voces alegres de niños correteaban alrededor de mi sombrilla. Claro que, si no puede ser eso, al menos que no lo haya catado antes: ébano, café,… o coco… sí, coco estaría bien.

    En mi antigua playa no me llegaba más que el edor a rancio, a madera carcomida traida por el mar, a algas secas envolviéndolo todo. Allí los niños también eran rancios, como la madera, como los padres. Y dejaban un regusto a barniz viejo en mi tímpano. Por eso no volví y me dediqué a buscar nuevos lugares donde cerrar los ojos e inundarme de sabor.

    Y lo encontré. En esta cala me enamoró la sal y el aceite que vienen de vez en cuando y los caballos al galope que levantan mi ánimo cuando menos me lo espero. Eso está mucho mejor, cerveza y aceitunas, un buen aperitivo. Cuando esto ocurre nunca falta la música… ummm… muy salada… así… ahhh… me encanta.

    Uno tras otro van dejando en mi parte de ellos. Cada uno ha traido algo de su tierra y yo lo inhalo con fuerza para que no se pierda. Retengo sus voces grabadas en mi recuerdo donde las vuelvo a reproducir dándoles vida de nuevo. Es una pena que sean etéreos y el tiempo se los lleve evaporados… ummm.

    ¿Qué haré yo sin todos ellos? ¿Cómo pasaré el invierno si no puedo poblarme de sensaciones como en verano?. ¿Dónde voy a fijar mi nariz y mi oreja en una playa desnuda y apagada?. Yo vivo de ellos… llenando de sonidos, olores y sabores cada uno de los rincones con que puedo sentir.

    La brisa del otoño está cerca y se llevará todo: la uva y la cerveza, la aceituna y la sal, el galope y la miel. Calma, calma, puedo aguantar, solo hay que pasar el invierno, de la misma forma que cualquier otro año. Y, de nuevo, volverán como frasquitos a mis sentidos.

    … alargo el brazo hasta llegar a tu hombro… ummm… tú si que me llenas… ummm… y a ti te tengo todo el año… abro los ojos y te miro… venga vamos al agua, vamos a darnos un baño… ¿qué si te quiero? Por supuesto, claro que te quiero.

    El Bolso

    Tengo un pequeño bolso negro. Esos bolso con estilo para un caballero. Ummm, creo que me confundo. Más bien es un bolso para ese joven moderno, que va por la vida intentando imprimir un poco de estilo. Quizás yo no tenga estilo, pero mi pequeño bolso negro si.

    Es de ese tipo de bolso que se usa en bandolera, como si no lo llevaras. Colgando de tu hombro y dándote leves golpes en la cadera a cada paso. En el llevo clavado un pin con la silueta de aquel Ernesto que lucho por la revolución y murió para ser nuestro martir… que pena. Es importante llevar contigo un pin. Sobre todo si te lo ha regalado un amigo o alguien que es parte de tu vida, parte de ti. Así que, este pin es parte de mi amigo. Ahora esta lejos, pero siempre cerca… ahí… en mi cadera… dando pequeños golpecitos a cada paso.

    También el bolso es un regalo, de alguien que es la mitad de lo que yo soy la mitad. También esta cada día comigo… cada golpecito… cada paso. Pero tengo una gran suerte, porque “alguien” no está lejos y puedo abrazarla todos los días. Caminamos juntos: ella, mi bolso negro y yo.

    No es un bolso presumido, no brilla. Pero estoy convencido que con objetos como el, las personas pueden ser felices. Dejando que ellos soporten parte de nuestra carga vital. Siempre lleva por mi los documentos que me definen. Que incongruencia, tener que escribir papeles para definirnos. ¿Acaso no existimos ya sin ellos? Estoy convencido que con el hecho de que alguien nos pueda sentir, oler o tocar, ya existimos y estamos definidos. Aunque solo seamos nosotros los que nos sentimos. Más difícil lo tiene un ángel, que aunque es un hombre y unas alas, yo todavía no lo he sentido… aunque lo puedo definir… algo es algo.

    Cuando me lo puedo permitir, también lleva mi dinero. Un odio imposible que se aferra a nuestras necesidades para poder existir. Y cuando ya no hay necesidades, se las inventa para que siempre acudamos llorándole. Soy un billete, soy un parásito de la sociedad, soy feliz y nunca me iré de tu lado. Canturrea a menudo dentro de mi cartera.

    Cuando tiro de la cremallera y lo habro, un borbotón de papeles siempre asoma. Luchan entre ellos como las crías en el nido. Cada uno quiere ser el elegido, que lo tome, lo lea o escriba en el. Los más viejos están sucios y arrugados después de estar tanto tiempo encerrados. Pero también saben que son los más valiosos para mi. A veces me dan sorpresas, trayéndome recuerdos de hace mucho tiempo. Son como el pin, cachitos de mi vida y cachitos de gente. Ya son tantos que algún día mi pobre bolso va a reventar de una indigestión. Gordo y amable bolso. No me lo tengas en cuenta.

    Prometo que algún día te buscaré una compañera. Una caja creo. ¿Te parece bien? Compartirá si vida contigo y pasaréis largas veladas abrazados. Uno junto al otro. Si te parece, mañana vamos a dar un paseo, a conocer cajas. Nos presentaremos como galanes de cine, bien peinados y afeitados. Cuando sientas un flechazo, le dices a Ernesto que guiñe un ojo y yo te la presento. ¡Qué gran idea! Y si ella también siente ese flechazo ya nadie os separará. Y así compartirás todos esos recuerdos que te hago llevar. Eso sí, que cada uno eliga cuales le gustan más. Y yo con mi amada y tu con tu caja, seremos las dos parejas más felices de todo el mundo definido, existente y sentido.

    Por favor, y mientras tanto, guarda este otro papel que acabo de escribir. Creo que también será importante.